LinuxParty
Hay una escena que se repite todos los días en miles de escritorios Linux.
Conectamos una memoria USB, copiamos unos archivos, esperamos a que termine la barra de progreso y pulsamos el botón "Expulsar". Pero entonces aparece el temido mensaje:
"No se puede desmontar el dispositivo. Hay archivos abiertos."
O peor aún: el sistema parece haberse quedado bloqueado intentando desmontar la unidad.
La reacción habitual suele ser desconectar el dispositivo directamente. Muchas veces no pasa nada. Otras veces aparecen archivos corruptos, directorios dañados o incluso sistemas de archivos completos que requieren reparación.
La realidad es que Linux dispone de mecanismos muy robustos para proteger la integridad de los datos, pero es importante entender qué ocurre realmente cuando intentamos extraer una unidad y cómo hacerlo de forma segura en cualquier circunstancia.
Lo primero: desmontar no es lo mismo que expulsar
Uno de los errores más comunes es pensar que una unidad USB deja de utilizarse en el mismo instante en que termina una copia.
Linux utiliza cachés de escritura para mejorar el rendimiento. Esto significa que algunos datos pueden permanecer temporalmente en memoria antes de escribirse físicamente en el dispositivo.
Por eso, aunque la ventana de copia haya desaparecido, todavía pueden existir operaciones pendientes.
Cuando desmontamos una unidad, Linux se asegura de que todos esos datos pendientes hayan sido escritos correctamente antes de liberar el dispositivo.
Es una de las razones por las que el sistema suele ser mucho más fiable frente a cortes inesperados que otros sistemas operativos.
Cuando aparece el mensaje "hay archivos abiertos"
Si Linux se niega a desmontar una unidad, normalmente no se trata de un error.
Lo que ocurre es que algún proceso sigue utilizando archivos o directorios dentro de ese volumen.
Las causas más habituales son sorprendentemente simples:
Un terminal abierto situado dentro del directorio de la memoria USB.
Un gestor de archivos mostrando el contenido del dispositivo.
Un reproductor multimedia que mantiene abierto un vídeo.
Un editor de texto trabajando sobre un documento almacenado en la unidad.
O incluso un proceso de indexación automática ejecutándose en segundo plano.
Linux no permite desmontar el sistema de archivos porque hacerlo podría provocar pérdida de datos o comportamientos inesperados.
Durante años, las nuevas versiones de las distribuciones empresariales de Linux solían centrarse en mejoras de rendimiento, corrección de errores, compatibilidad con nuevo hardware y actualizaciones de seguridad. Todo eso sigue siendo importante, por supuesto, pero las prioridades del sector están cambiando.
La llegada de Red Hat Enterprise Linux 10.2 deja claro hacia dónde se dirige el futuro de la administración de sistemas: inteligencia artificial integrada, automatización cada vez más avanzada y preparación para amenazas que todavía no existen de forma práctica, pero que ya preocupan a gobiernos y grandes corporaciones. Entre ellas, la computación cuántica.
La nueva versión de RHEL no representa una revolución visual ni un rediseño completo del sistema. Sin embargo, incorpora varias tecnologías que podrían marcar el rumbo de Linux empresarial durante los próximos años.
La inteligencia artificial llega a la línea de comandos
Quizá la novedad más llamativa sea la incorporación de un asistente basado en inteligencia artificial pensado específicamente para administradores de sistemas.
Red Hat ha integrado una herramienta llamada goose, diseñada para ayudar a los usuarios a interactuar con el sistema mediante lenguaje natural. La idea es sencilla: permitir que determinadas tareas administrativas puedan realizarse o simplificarse mediante consultas más cercanas al lenguaje humano que a la sintaxis tradicional de la consola.
Esto no significa que desaparezcan Bash, Ansible o las herramientas clásicas que utilizan los administradores Linux. Más bien supone añadir una nueva capa de asistencia que puede acelerar tareas repetitivas, ayudar a interpretar errores o sugerir procedimientos de administración.
Es un movimiento significativo porque muestra cómo la IA está dejando de ser una tecnología reservada a aplicaciones web o asistentes conversacionales para empezar a formar parte del propio sistema operativo.
Un Linux preparado para la era post-cuántica
Otra de las novedades importantes tiene que ver con la seguridad.
Durante años, la criptografía moderna ha descansado sobre algoritmos que resultan extremadamente difíciles de romper para los ordenadores actuales. Sin embargo, el desarrollo de la computación cuántica plantea un escenario completamente diferente.
Aunque todavía no existen ordenadores cuánticos capaces de romper de forma práctica los sistemas criptográficos más utilizados, los expertos llevan tiempo advirtiendo que las organizaciones deben empezar a prepararse.
RHEL 10.2 incorpora nuevas capacidades relacionadas con la criptografía post-cuántica, permitiendo a las empresas comenzar la transición hacia algoritmos diseñados para resistir ataques procedentes de futuros sistemas cuánticos.
Puede parecer una preocupación lejana, pero para sectores como banca, defensa, sanidad o administración pública, la planificación debe hacerse con muchos años de antelación.
Los contenedores siguen ganando protagonismo
La evolución del software empresarial durante la última década ha estado marcada por los contenedores. Kubernetes, Podman y tecnologías similares han cambiado completamente la forma en que se desarrollan, despliegan y mantienen las aplicaciones modernas.
Durante años, uno de los argumentos más repetidos contra los grandes parques solares ha sido su supuesto impacto negativo sobre el medio ambiente. Sin embargo, ya habíamos escrito acerca de su idoneidad en éste artículo: Las granjas solares buscan producir algo más que energía: hábitats amigables para la vida silvestre
La crítica parecía lógica: miles de paneles cubriendo hectáreas de terreno agrícola o natural, alterando el paisaje y ocupando espacios que antes estaban disponibles para flora y fauna.
Sin embargo, los estudios más recientes están empezando a dibujar un panorama mucho más complejo y, en algunos casos, completamente opuesto al que muchos imaginaban.
Resulta que bajo numerosos parques fotovoltaicos están apareciendo auténticos refugios para aves, insectos polinizadores y otras especies silvestres. Y en algunos lugares los resultados han sorprendido incluso a los propios investigadores.
El error de asumir que toda ocupación del suelo es igual
Cuando pensamos en el impacto ambiental de una instalación industrial solemos imaginar la desaparición de la biodiversidad local.
Pero los investigadores están descubriendo que los parques solares no siempre se comportan como una infraestructura industrial convencional.
A diferencia de una urbanización, una carretera o una zona intensivamente cultivada, los espacios situados entre y bajo los paneles solares suelen experimentar una reducción significativa de la actividad humana diaria.
Menos maquinaria.
Menos tránsito.
Menos pesticidas.
Menos perturbaciones constantes.
Y eso puede generar condiciones inesperadamente favorables para numerosas especies.
Un microclima perfecto bajo los paneles
Uno de los descubrimientos más interesantes es el llamado "efecto microclima".
Los paneles proporcionan sombra parcial durante gran parte del día, reduciendo la temperatura del suelo y ayudando a conservar la humedad.
En regiones cálidas o sometidas a estrés hídrico, esta protección puede marcar una diferencia enorme para la vegetación que crece debajo.
Esa vegetación más estable atrae a su vez:
- insectos,
- polinizadores,
- pequeños mamíferos,
- reptiles,
- y aves insectívoras.
Es decir, se crea un efecto en cadena donde la presencia de los paneles modifica las condiciones ambientales y favorece el desarrollo de pequeños ecosistemas.
Pocas veces un lenguaje de programación había generado tanta tensión dentro de la comunidad Linux.

Y no estamos hablando de una discusión cualquiera.
Durante los últimos años, el enfrentamiento entre defensores de C y partidarios de Rust ha provocado dimisiones, discusiones extremadamente tensas, acusaciones cruzadas e incluso situaciones que el propio Linus Torvalds llegó a describir como una especie de debate con tintes “casi religiosos”.
Ahora, después de meses de polémicas y una auténtica guerra interna dentro del desarrollo del kernel, parece que la batalla ha llegado a un punto de inflexión.
Rust ha ganado.
O al menos, ha ganado algo mucho más importante que una simple discusión técnica: ha conseguido convertirse oficialmente en una parte aceptada y estable del futuro de Linux.
El problema nunca fue realmente técnico
Desde fuera podría parecer una discusión puramente relacionada con programación.
Pero en realidad el conflicto era mucho más profundo.
C lleva formando parte del ADN de Linux desde el primer día. El kernel nació escrito en C y durante más de tres décadas ha demostrado ser capaz de sostener prácticamente toda la infraestructura tecnológica moderna:
- servidores,
- cloud computing,
- supercomputadores,
- Android,
- routers,
- dispositivos embebidos,
- y buena parte de Internet.
Para muchos desarrolladores veteranos, Linux y C son prácticamente inseparables.
Por eso la llegada de Rust fue vista por algunos como una amenaza cultural además de técnica.

Hay errores históricos en videojuegos que todos identificamos rápidamente.
Un caballero medieval usando un arma que todavía no existía.
Un soldado de la Segunda Guerra Mundial con equipamiento incorrecto.
Un edificio fuera de época.
Pero a veces los fallos más importantes son precisamente los más pequeños.
Tan pequeños que casi nadie los detectaría.
Y sin embargo, uno de ellos obligó a intervenir directamente a un historiador especializado en la Antigua Roma durante el desarrollo de un videojuego. El motivo parece casi absurdo al escucharlo por primera vez:
las zanahorias eran naranjas.
El problema era que la Antigua Roma nunca vio zanahorias naranjas
La historia ocurrió durante el desarrollo de The Forgotten City, uno de los proyectos independientes más interesantes de los últimos años.
Lo curioso es que el juego nació originalmente como un mod para The Elder Scrolls V: Skyrim antes de convertirse en una obra completamente independiente. Su trama mezcla misterio, viajes temporales, filosofía y una ciudad oculta del Imperio Romano sometida a una extraña maldición conocida como la Regla de Oro.
El creador del proyecto, Nick Pearce, quería que la recreación de Roma fuese lo más creíble posible, incluso aunque la historia incluyese elementos fantásticos y ciencia ficción.
Por eso decidió apoyarse en expertos académicos.
Y ahí apareció un detalle que casi nadie esperaba.
Un profesor de Oxford detectó el fallo
Para mejorar la fidelidad histórica del juego, Pearce contactó con Philip Matyszak, doctor en Filosofía y autor de numerosos libros sobre el mundo romano. Según explicó el propio desarrollador, durante casi veinte meses intercambiaron cientos de correos electrónicos y realizaron innumerables videollamadas revisando detalles de la ambientación. (vidaextra.com)
Matyszak corregía constantemente pequeños elementos:
- distribución arquitectónica,
- columnas,
- santuarios,
- templos,
- expresiones culturales,
- decoración,
- y costumbres sociales.
Pero uno de los comentarios terminó convirtiéndose en la anécdota más famosa del proyecto.
Las zanahorias estaban mal.
El sábado 30 de mayo de 2026 en El Olivar (Calle Oscura, número 1/3 - Oviedo - Asturias), Pica Pica HackLab (PicaHack) organiza una jornada de iniciación a la informática libre, destinada a personas con pocos conocimientos sobre el tema pero interesadas en las implicaciones éticas, sociales y ambientales de las tecnologías de la información.
El movimiento de la informática libre defiende que el software (los programas o aplicaciones de ordenador o computadora) y el hardware (los componentes físicos o materiales de los ordenadores o computadoras) deben poder ser usados, modificados y compartidos por cualquier persona, sin imposición de restricciones técnicas, legales o económicas, como derechos y libertades de todas las personas. Asimismo, también la información debe estar disponible de igual forma. Esto es fundamental no solo para el bien de la persona a título individual sino también de la población en general. Estos derechos y libertades son aún más importantes mientras nuestras actividades cotidianas se vuelven más y más ligadas a la informática: en un mundo de palabras, sonidos e imágenes digitales, la informática libre en concreto y el libre acceso a la información y al conocimiento en conjunto viene a representar una parte fundamental del ejercicio de los derechos y las libertades en general.
La respuesta corta es si, (Respuesta proporcionada por Gemini) Google ha cambiado radicalmente, pero no ha perdido su posición de liderazgo. No ha desaparecido, sino que ha mutado de ser un simple índice de enlaces web a convertirse en un asistente de Inteligencia Artificial que te responde directamente.
A continuación, te desgloso cómo se encuentra el panorama y qué está pasando:
1. El modelo clásico ha cambiado por completo
Si llevas años usando Google y últimamente notas que es distinto, tienes razón. La clásica lista de diez enlaces azules es cosa del pasado. Google ha introducido cambios históricos en su buscador. Ahora, en lugar de navegar por varias páginas, utiliza Inteligencia Artificial para ofrecerte resúmenes y respuestas directas antes de que hagas clic en cualquier resultado.
Durante años, la conversación sobre longevidad parecía bastante clara.
Si querías vivir más tiempo —y mejor— había una receta casi universal:
- comer bien,
- hacer ejercicio,
- evitar el tabaco,
- controlar el estrés,
- y mantener cierta vida social activa.
Pero un nuevo estudio estadounidense acaba de poner el foco en un factor que normalmente muchas personas subestiman: el sueño.
Y los resultados han sorprendido incluso a los propios investigadores.
Según un trabajo liderado por Andrew McHill, de la Oregon Health & Science University, dormir mal podría tener una relación con la esperanza de vida incluso más fuerte que factores clásicos como alimentación o ejercicio físico.
El sueño: ese “mantenimiento invisible” del cuerpo
Desde un punto de vista evolutivo, dormir siempre ha sido algo extraño.
Pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida inconscientes, vulnerables y completamente desconectados del entorno. Para cualquier especie, eso parece un riesgo enorme.
Sin embargo, prácticamente todos los animales complejos duermen.
La razón probablemente sea simple:
el beneficio biológico es gigantesco.
Durante décadas, el desarrollo del kernel Linux siguió una evolución relativamente predecible. Cada nueva versión añadía soporte para hardware, corregía errores, incorporaba mejoras internas y poco a poco aumentaba el tamaño del código fuente.
Pero algo ha cambiado radicalmente en los últimos años.
Y Linus Torvalds lo sabe perfectamente.
El creador de Linux ha reconocido públicamente que el enorme crecimiento en líneas de código y la aparición de parches gigantescos se está convirtiendo en la nueva normalidad del proyecto. Y aunque no lo dice exactamente con entusiasmo, sí parece asumir una realidad difícil de ignorar: la inteligencia artificial ya está transformando el desarrollo de Linux.
Linux siempre ha crecido… pero ahora el ritmo es diferente
Linux nunca ha sido precisamente pequeño.
Lo que comenzó en 1991 como un proyecto personal de un estudiante finlandés terminó convirtiéndose en el núcleo que hoy domina:
- servidores,
- supercomputadores,
- Android,
- cloud computing,
- infraestructuras empresariales,
- IoT,
- routers,
- televisores,
- automoción,
- y buena parte de Internet. (Wikipedia)
El crecimiento del kernel ha sido constante durante más de tres décadas.
Durante años, el debate sobre el futuro del automóvil parecía completamente decidido: los motores diésel estaban condenados, la gasolina tenía fecha de caducidad y el coche eléctrico iba a dominarlo todo.
Pero la realidad está demostrando que la transición energética es mucho más compleja de lo que parecía.
Mientras Europa endurece las normativas contra los combustibles fósiles y muchos fabricantes aceleran su apuesta por las baterías, varios grupos de investigación y empresas tecnológicas siguen explorando una idea que parecía haber quedado en segundo plano: los motores de hidrógeno.
Y algunos de los últimos avances empiezan a llamar muchísimo la atención.
Uno de ellos llega desde Alemania, donde investigadores de la Universidad Otto von Guericke de Magdeburgo han desarrollado un motor de hidrógeno capaz de alcanzar eficiencias térmicas superiores al 60 %, cifras que rivalizan e incluso superan a muchos motores diésel modernos.
El problema del coche eléctrico no es tan simple
Aunque el coche eléctrico domina titulares y planes gubernamentales, todavía arrastra varios problemas importantes.
Infraestructura insuficiente. Tiempos de recarga largos. Dependencia de minerales críticos. Peso enorme de las baterías. Dificultades para el transporte pesado. Y además, una red eléctrica que todavía no está preparada para electrificar absolutamente todo.
Ahí es donde el hidrógeno vuelve a entrar en escena.
Porque permite algo muy atractivo para muchos fabricantes: mantener motores similares a los actuales, conservar parte de la industria existente y reducir emisiones sin depender exclusivamente de baterías gigantescas.



