LinuxParty
Hay historias que parecen escritas para una novela de espionaje. Una instructora de buceo con un pasado como modelo erótica. Una operación secreta en aguas del mar Báltico. Un pequeño velero de recreo cargado con explosivos. Y una de las infraestructuras energéticas más importantes de Europa destruida mediante una compleja operación submarina.
Sin embargo, esta no es la trama de una película de Hollywood.
Es la hipótesis que plantea el periodista Bojan Pancevski en su libro Undermining Nord Stream. The True Story of the Sabotage that Shook Europe, donde reconstruye, a partir de testimonios y fuentes de inteligencia europeas, cómo pudo haberse ejecutado el sabotaje contra los gasoductos Nord Stream en septiembre de 2022.
Un atentado que todavía genera preguntas
La destrucción parcial de los gasoductos Nord Stream supuso uno de los acontecimientos más importantes de la geopolítica europea en los últimos años.
Las explosiones dejaron fuera de servicio una infraestructura estratégica que transportaba gas ruso hacia Europa y provocaron inmediatamente una avalancha de especulaciones sobre los posibles responsables.
Desde entonces han circulado numerosas hipótesis.
Algunas apuntaban directamente a Rusia.
Otras señalaban a servicios de inteligencia occidentales.
También aparecieron teorías que implicaban a grupos ucranianos actuando de forma independiente.
A día de hoy, la autoría sigue siendo objeto de investigaciones y debate internacional.
A lo largo de la historia, todas las civilizaciones han compartido algo en común: ninguna ha sido eterna.
Imperios aparentemente invencibles desaparecieron. Potencias económicas se derrumbaron. Grandes centros de conocimiento quedaron abandonados. Desde Roma hasta los mayas, pasando por innumerables reinos y estados olvidados, la historia humana está llena de ejemplos de sociedades que parecían sólidas hasta que dejaron de serlo.
La pregunta que algunos investigadores se hacen hoy es incómoda:
¿Podría ocurrir algo similar con la civilización global moderna?
Un análisis histórico citado recientemente por diversos medios sostiene que el colapso de las civilizaciones no es una anomalía, sino un fenómeno recurrente que aparece una y otra vez cuando se combinan determinados factores sociales, económicos y ambientales. El estudio examina miles de años de historia y cientos de sociedades para intentar identificar patrones comunes.
La historia rara vez sigue una línea recta
Cuando observamos el pasado desde la distancia, solemos imaginar el progreso humano como una sucesión continua de avances.
La realidad es bastante más compleja.
La historia está llena de ciclos de expansión, crisis, recuperación y transformación. Civilizaciones que dominaron regiones enteras durante siglos acabaron fragmentándose por razones que, en muchos casos, no fueron exclusivamente militares.
Los investigadores que estudian el colapso social llevan décadas observando que factores como la concentración excesiva de poder, el agotamiento de recursos, la desigualdad creciente o la incapacidad de adaptarse a cambios ambientales aparecen repetidamente en numerosos casos históricos.
El problema de la complejidad
Uno de los conceptos más interesantes en el estudio de las civilizaciones es que el crecimiento suele traer consigo una complejidad cada vez mayor.
Más instituciones.
Más burocracia.
Más infraestructuras.
Más especialización.
Más dependencia entre sistemas.
Durante mucho tiempo, esa complejidad genera beneficios enormes. Pero algunos investigadores han planteado que llega un momento en que mantener estructuras cada vez más complejas produce rendimientos decrecientes. Cuando eso ocurre, la sociedad se vuelve más vulnerable a perturbaciones externas. (arXiv)
No hace falta una gran catástrofe para desencadenar problemas.
A veces basta una acumulación progresiva de tensiones que terminan afectando a la capacidad de respuesta del sistema.
Un mundo más conectado que nunca
Lo que diferencia a nuestra época de muchas civilizaciones anteriores es el nivel de interconexión global.
La economía mundial funciona como una red gigantesca.
Las cadenas de suministro atraviesan continentes.
Los mercados financieros reaccionan en segundos.
La producción energética, alimentaria y tecnológica depende de sistemas extraordinariamente complejos.
Esta interdependencia tiene enormes ventajas, pero también implica que las crisis pueden propagarse con mayor rapidez que en el pasado. Un problema localizado puede generar efectos inesperados en regiones muy alejadas.
Paradójicamente, nuestra fortaleza también puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad.
La búsqueda de una vida más larga y saludable suele estar asociada a descubrimientos complejos, terapias experimentales o tecnologías futuristas. Sin embargo, de vez en cuando la ciencia sorprende encontrando posibles beneficios ocultos en medicamentos que llevan décadas utilizándose de forma rutinaria.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo con la rilmenidina, un fármaco ampliamente conocido por su uso en el tratamiento de la hipertensión arterial.
Investigaciones recientes sugieren que este medicamento podría tener efectos que van mucho más allá del control de la presión arterial, abriendo la puerta a una pregunta fascinante: ¿es posible que algunos fármacos comunes contribuyan también a ralentizar ciertos procesos asociados al envejecimiento? (Instagram)
Un viejo medicamento bajo una nueva luz
La rilmenidina no es un fármaco nuevo. Lleva años utilizándose en distintos países para ayudar a controlar la hipertensión, una de las enfermedades crónicas más extendidas del mundo.

Lo interesante es que algunos investigadores comenzaron a observar que ciertos mecanismos biológicos activados por este medicamento guardaban similitudes con los procesos asociados a la restricción calórica, una estrategia que ha demostrado prolongar la vida en numerosos organismos experimentales.
La restricción calórica lleva décadas siendo objeto de estudio porque, en diversas especies animales, se ha relacionado con una mayor longevidad y una reducción de enfermedades asociadas a la edad. Sin embargo, mantener una reducción significativa y permanente de calorías no resulta fácil para la mayoría de las personas.
Por eso, encontrar medicamentos capaces de imitar algunos de esos efectos se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la investigación biomédica moderna.
Durante años, uno de los grandes problemas de Linux en el escritorio no ha sido la falta de calidad, estabilidad o aplicaciones. El verdadero obstáculo siempre ha sido otro: convencer a los usuarios de Windows de que cambiar de sistema operativo no tiene por qué ser complicado.
Y parece que una distribución ha encontrado la fórmula.
Zorin OS: Linux pensado para quienes vienen de Windows
Desde hace años, Zorin OS se presenta como una distribución Linux especialmente diseñada para facilitar la transición desde Windows. Su interfaz recuerda deliberadamente al sistema de Microsoft, incorpora herramientas para ejecutar aplicaciones de Windows y busca que cualquier usuario pueda sentirse cómodo desde el primer minuto. ([Wikipedia][1])
La estrategia no es nueva, pero los resultados recientes sí son sorprendentes.
Según informó el propio equipo de desarrollo, la llegada de Zorin OS 18 provocó más de 100.000 descargas en apenas 48 horas. Lo más llamativo es que aproximadamente el 72% de esas descargas procedían de equipos con Windows. ([Genbeta][2])
La guerra moderna está demostrando que no siempre es necesario destruir tanques, aviones o bases militares para debilitar a un adversario. A veces basta con atacar algo mucho más sencillo: las carreteras por las que circulan los suministros.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Crimea. Ucrania parece haber identificado una vulnerabilidad crítica en el sistema logístico ruso y está concentrando buena parte de sus esfuerzos en dificultar el movimiento de combustible, municiones y material militar entre la península y los territorios ocupados del sur de Ucrania. ([Xataka][1])
La nueva guerra se libra sobre el asfalto
Durante meses, Rusia ha intentado proteger sus convoyes de suministros mediante escoltas, defensas antidrón y cambios en las rutas de transporte. Sin embargo, Ucrania ha comenzado a atacar algo mucho más difícil de proteger: la propia infraestructura por la que circulan esos convoyes.
Según diversas informaciones, los drones ucranianos están sembrando minas y atacando puntos estratégicos de las principales vías de comunicación que conectan Crimea con las zonas ocupadas de Donetsk y Zaporiyia. El resultado es que numerosas rutas consideradas seguras han dejado de serlo.
La consecuencia inmediata es visible sobre el terreno: largas colas de camiones militares y de abastecimiento obligados a detenerse, reducir la velocidad o buscar rutas alternativas mucho más lentas. ([Facebook][2])
Un golpe directo al corazón de la logística rusa
La importancia de Crimea para Rusia va mucho más allá de su valor simbólico o político.
La península se ha convertido en uno de los principales centros logísticos para sostener las operaciones militares rusas en el sur de Ucrania. Desde allí se distribuyen combustible, municiones, vehículos y suministros destinados a las tropas desplegadas en varios frentes. ([El País][3])
Venus es uno de los planetas más extraños del Sistema Solar. Mientras la mayoría de los planetas giran sobre su eje en el mismo sentido, Venus lo hace al contrario. Además, su rotación es extremadamente lenta: un día venusiano dura aproximadamente 243 días terrestres. Esta peculiaridad ha intrigado a los científicos durante décadas.
Ahora, un nuevo estudio presentado durante la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias, celebrada en Viena, propone una explicación tan espectacular como plausible: una gigantesca colisión ocurrida durante los primeros millones de años de vida del planeta podría haber alterado por completo su rotación.
Un impacto capaz de cambiar un planeta
Según las simulaciones realizadas por el equipo liderado por Cedric Gillmann, científico planetario de ETH Zurich, Venus pudo haber sido golpeado por un objeto de gran tamaño, aproximadamente una décima parte de su propia masa.
¿Alguna vez te has preguntado quiénes fueron tus antepasados? ¿De dónde procede tu apellido? ¿O si existen familiares lejanos repartidos por otros países que comparten tus raíces?
La genealogía ha dejado de ser una afición reservada para historiadores o investigadores especializados. Gracias a Internet, hoy cualquier persona puede comenzar a reconstruir su historia familiar desde casa. Y si hay una plataforma que destaca por encima de todas en este ámbito, esa es FamilySearch.
Un proyecto gigantesco para conectar familias
FamilySearch es una organización sin ánimo de lucro respaldada por la The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints que lleva décadas recopilando información histórica y registros civiles, parroquiales y censales de numerosos países.
Su objetivo es ambicioso: construir un único árbol genealógico mundial donde las personas puedan descubrir y conectar sus raíces familiares.
Lo más sorprendente es que el servicio es completamente gratuito y está disponible para cualquier persona, independientemente de sus creencias religiosas.
Millones de registros históricos disponibles
Una de las grandes fortalezas de FamilySearch es la enorme cantidad de documentación histórica que pone a disposición de los usuarios.
Entre los registros que pueden consultarse encontramos:
- Actas de nacimiento.
- Registros bautismales.
- Certificados de matrimonio.
- Registros de defunción.
- Censos de población.
- Documentación militar.
- Registros de inmigración y emigración.
- Documentación parroquial histórica.
Muchos de estos documentos han sido digitalizados y pueden consultarse directamente desde la plataforma.
La historia parece repetirse una vez más. Un gobierno anuncia que quiere reducir su dependencia de Microsoft, sustituir Windows por Linux y recuperar el control de su infraestructura tecnológica. Los defensores del software libre celebran la noticia. Los escépticos recuerdan inmediatamente los casos de Múnich, Extremadura o tantos otros intentos similares que terminaron encontrando dificultades.
Esta vez, sin embargo, no hablamos de una ciudad ni de una región.
Hablamos de Francia.
Y la magnitud del proyecto es tan enorme que podría convertirse en la mayor migración de software propietario a software libre jamás intentada por una administración occidental.
La cuestión ya no es Linux. La cuestión es la soberanía digital
Si alguien piensa que Francia ha despertado una mañana enamorada del software libre, probablemente se equivoca.
El verdadero motor detrás de esta iniciativa es otro: la soberanía tecnológica.
La Dirección Interministerial Digital francesa (DINUM) anunció en abril de 2026 un plan para que todos los ministerios presenten estrategias destinadas a reducir su dependencia de proveedores tecnológicos no europeos. El objetivo no afecta únicamente a Windows, sino también a herramientas colaborativas, plataformas de videoconferencia, bases de datos, sistemas de virtualización, soluciones de inteligencia artificial e incluso infraestructuras de red.
Es decir, el sistema operativo es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande.
Durante años Europa ha debatido sobre su dependencia de empresas estadounidenses para servicios críticos. Las tensiones geopolíticas, las cuestiones relacionadas con la privacidad de los datos y la creciente importancia estratégica de la tecnología han acelerado una conversación que antes parecía reservada a especialistas.
Ahora esa conversación ha llegado a los gobiernos.
Extremadura fue pionera mucho antes
Los lectores veteranos de LinuxParty seguramente recordarán una época en la que Extremadura aparecía constantemente en conferencias y publicaciones internacionales sobre software libre.
A comienzos de los años 2000, la Junta de Extremadura lanzó gnuLinEx, una distribución basada en Debian que buscaba introducir Linux en la administración pública y especialmente en el ámbito educativo. La iniciativa fue observada desde toda Europa porque representaba uno de los primeros intentos serios de sustituir Windows por software libre a gran escala.
Durante años, las empresas han intentado resolver el mismo problema de formas distintas.
Compartir documentos.
Parece sencillo, pero cualquiera que haya trabajado en un proyecto con varias personas sabe que rara vez lo es.
Versiones duplicadas. Archivos enviados por correo. Permisos mal configurados. Carpetas compartidas imposibles de entender. Usuarios externos que necesitan acceso temporal. Equipos distribuidos entre distintas sedes. Y, por supuesto, la eterna pregunta:
¿Cuál es la versión correcta del documento?
Ahí es donde plataformas como ONLYOFFICE DocSpace han encontrado su espacio.
Y la llegada de la versión 3.7 demuestra que el proyecto sigue evolucionando rápidamente para convertirse en algo más que una simple alternativa a Microsoft 365 o Google Workspace. (ONLYOFFICE - Cloud Office Applications)
Del editor online a una plataforma completa de colaboración
Mucha gente sigue asociando ONLYOFFICE únicamente con sus editores de documentos, hojas de cálculo y presentaciones.
Sin embargo, la estrategia de la compañía ha cambiado bastante durante los últimos años.
Hoy DocSpace es el centro de todo el ecosistema.
La idea es sencilla: crear espacios de trabajo donde documentos, usuarios, permisos y colaboración convivan dentro de una misma plataforma, ya sea desplegada en la nube o instalada en servidores propios.
Y precisamente eso es lo que resulta especialmente atractivo para usuarios Linux y organizaciones preocupadas por la soberanía de sus datos.
Grabas un vídeo con Vokoscreen, OBS Studio o cualquier otra herramienta de captura de escritorio. El vídeo parece haberse generado correctamente, la imagen se reproduce sin problemas, pero al abrirlo con VLC, MPlayer, SMPlayer o incluso al subirlo a una plataforma de vídeo descubres algo extraño: no se escucha absolutamente nada.
Sin embargo, al investigar un poco más, observas que el audio sí existe. En SMPlayer, por ejemplo, al cambiar manualmente de pista de audio, la reproducción comienza a escucharse perfectamente.
¿Qué está ocurriendo?
El problema no siempre es la ausencia de audio
Cuando un vídeo contiene varias pistas de audio, algunos reproductores seleccionan automáticamente una de ellas como predeterminada.
Si la pista elegida está vacía, contiene silencio o simplemente no es la correcta, parecerá que el vídeo no tiene sonido.
Es habitual encontrar archivos similares a este:
Vídeo Audio 1 (vacío) Audio 2 (vacío) Audio 3 (vacío) Audio 4 (vacío) Audio 5 (vacío) Audio 6 (audio real)
Mientras algunos reproductores permiten cambiar manualmente de pista, otros seleccionarán la primera disponible y el usuario pensará que el vídeo está defectuoso.
Comprobar las pistas de audio existentes
Antes de modificar el archivo conviene inspeccionar su contenido.
La herramienta más útil para ello es ffprobe, incluida junto con ffmpeg.
ffprobe -hide_banner -i video.mp4
La salida mostrará algo parecido a:
Stream #0:0: Video Stream #0:1: Audio Stream #0:2: Audio Stream #0:3: Audio Stream #0:4: Audio Stream #0:5: Audio Stream #0:6: Audio
A partir de aquí podemos identificar cuál es la pista que realmente contiene el sonido.



