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Al contemplar el cielo nocturno, uno tiene la sensación de que las estrellas permanecen quietas, pero esto no es cierto: en realidad se mueven unas respecto a las otras. Su aparente fijeza, y la de las constelaciones que integran, son debidas a que se encuentran extraordinariamente lejos de la Tierra. Observaciones astronómicas separadas lo bastante en el tiempo, como mínimo varias décadas, permiten apreciar su movimiento y, a partir de éste, calcular su trayectoria. Para ello, hay que poder determinar con exactitud dónde se sitúa un punto brillante en el cielo, lo que no es tarea fácil. Se distinguen las estrellas de los planetas porque las primeras permanecen fijas en sus posiciones relativas mientras que, en comparación, los planetas se desplazan en un corto margen temporal. Por Belén Vicente y Annia Domènech de Caos y Ciencia.



