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Un bombardero H-6N ha aparecido transportando el nuevo misil balístico durante una simulación militar, mostrando por primera vez públicamente la capacidad nuclear aérea de Pekín
China ha difundido por primera vez imágenes de un bombardero estratégico H-6N transportando bajo el fuselaje un misil balístico JingLei-1, también denominado JL-1. El avión aparece escoltado por dos cazas furtivos J-20 durante un escenario militar simulado.
La secuencia forma parte del documental Securing Victory, emitido por la televisión estatal con motivo del 99.º aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación.
Aunque el vídeo no muestra el lanzamiento del misil, supone la primera exhibición oficial del sistema instalado en un bombardero y aparentemente preparado para una misión.
Un misil lanzado desde el aire
El JingLei-1 es un misil balístico de largo alcance lanzado desde un avión. A diferencia de un misil de crucero, que mantiene un vuelo similar al de una aeronave, un misil balístico asciende rápidamente y recorre buena parte de su trayectoria siguiendo un arco.
El JL-1 puede ser transportado por el H-6N, una versión modificada del veterano bombardero chino H-6. Este modelo incorpora capacidad de reabastecimiento en vuelo y una zona especial bajo el fuselaje para cargar armas de gran tamaño.
El misil fue presentado públicamente durante el desfile militar celebrado en Pekín en septiembre de 2025, pero hasta ahora no se había mostrado oficialmente acoplado a un bombardero en vuelo.
Analistas occidentales consideran que podría estar relacionado con el sistema denominado provisionalmente CH-AS-X-13 por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Durante más de dos décadas, científicos y militares españoles estudiaron la creación de un arsenal nuclear independiente. Palomares, Vandellós I, el Sáhara y las presiones internacionales marcaron la historia de un programa que nunca llegó a producir un arma

Durante la Guerra Fría, España estudió seriamente la posibilidad de fabricar su propia bomba atómica.
El programa recibió el nombre de Proyecto Islero y permaneció rodeado de secretismo durante décadas. Su objetivo era determinar si España disponía de los científicos, las instalaciones, las materias primas y la capacidad industrial necesarias para convertirse en una potencia nuclear militar.
El proyecto comenzó en 1963, durante la dictadura de Francisco Franco, y tuvo como director técnico al físico y militar Guillermo Velarde.
España nunca llegó a construir ni probar un arma nuclear. Sin embargo, distintos informes, testimonios y estudios históricos indican que el programa avanzó más allá de una simple especulación política.
El país disponía de reservas de uranio, personal científico especializado, reactores nucleares y territorios donde algunos mandos llegaron a contemplar una eventual prueba. Le faltaban, principalmente, una decisión política definitiva, una instalación propia para separar plutonio y la voluntad de asumir las enormes consecuencias internacionales.
El accidente de Palomares, la construcción de la central nuclear de Vandellós I y la negativa española a adherirse durante años al Tratado de No Proliferación Nuclear alimentaron las sospechas sobre las verdaderas ambiciones del régimen.
¿Por qué se llamó Proyecto Islero?
El nombre procedía de Islero, el toro de la ganadería Miura que causó la muerte del torero Manolete en 1947.
La denominación encajaba con la costumbre de utilizar nombres en clave para ocultar programas militares y científicos sensibles.
Durante muchos años, el conocimiento público del proyecto fue muy limitado. Buena parte de la información disponible apareció posteriormente a través de testimonios, documentos desclasificados y, especialmente, del libro publicado en 2016 por Guillermo Velarde bajo el título Proyecto Islero: cuando España pudo desarrollar armas nucleares.
Velarde había sido general de división del Ejército del Aire, investigador de la Junta de Energía Nuclear y catedrático de Física Nuclear. También participó en la creación del Instituto de Fusión Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid.
Su testimonio constituye una fuente fundamental para reconstruir el programa, pero debe manejarse con cierta cautela: algunos de los episodios más espectaculares de Islero se conocen principalmente por su propia versión y no siempre pueden contrastarse mediante documentación independiente.
El proyecto europeo que debía alumbrar el avión de combate del futuro ha terminado estrellándose antes de abandonar la mesa de diseño. Francia y Alemania han decidido abandonar el desarrollo conjunto del caza de sexta generación que constituía la pieza central del Future Combat Air System (FCAS), un ambicioso programa en el que también participaba España.
No se ha perdido únicamente un avión. El fracaso del FCAS pone de manifiesto las enormes dificultades que sigue encontrando Europa cuando intenta coordinar sus intereses políticos, militares, industriales y tecnológicos.
Mientras Estados Unidos y China avanzan en sus propios sistemas aéreos de nueva generación, los países europeos vuelven a separarse por disputas relacionadas con el liderazgo industrial, la propiedad intelectual y el reparto del trabajo.
FCAS no era solamente un avión
Aunque habitualmente se hablaba del FCAS como “el futuro caza europeo”, el proyecto era mucho más amplio.
Su núcleo era el New Generation Fighter (NGF), un avión de combate de sexta generación destinado a sustituir, a partir de la década de 2040, al Rafale francés y a los Eurofighter utilizados por Alemania y España.
Pero alrededor de ese avión debía construirse un auténtico sistema de sistemas compuesto por:
- Un avión de combate tripulado de nueva generación.
- Drones y vehículos no tripulados conocidos como remote carriers.
- Sensores avanzados.
- Sistemas de guerra electrónica.
- Nuevos motores aeronáuticos.
- Comunicaciones seguras.
- Inteligencia artificial para apoyar la toma de decisiones.
- Una nube de combate para intercambiar información en tiempo real.
- Integración con aviones, satélites, radares y plataformas terrestres o navales.
La idea consistía en crear una red de combate conectada en la que el avión pilotado fuese solamente uno de sus elementos.
El programa comenzó a tomar forma en 2017 mediante un acuerdo entre Francia y Alemania. España se incorporó oficialmente en 2019, con Indra como coordinador industrial nacional y con la participación de Airbus España, ITP Aero, GMV, Sener y otras empresas tecnológicas.
En diciembre de 2022 se adjudicó una fase de demostración valorada en aproximadamente 3.200 millones de euros, destinada a desarrollar prototipos y tecnologías durante unos tres años y medio.
El coste completo del programa se estimaba en torno a los 100.000 millones de euros a lo largo de varias décadas.
La guerra moderna está demostrando que no siempre es necesario destruir tanques, aviones o bases militares para debilitar a un adversario. A veces basta con atacar algo mucho más sencillo: las carreteras por las que circulan los suministros.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Crimea. Ucrania parece haber identificado una vulnerabilidad crítica en el sistema logístico ruso y está concentrando buena parte de sus esfuerzos en dificultar el movimiento de combustible, municiones y material militar entre la península y los territorios ocupados del sur de Ucrania. ([Xataka][1])
La nueva guerra se libra sobre el asfalto
Durante meses, Rusia ha intentado proteger sus convoyes de suministros mediante escoltas, defensas antidrón y cambios en las rutas de transporte. Sin embargo, Ucrania ha comenzado a atacar algo mucho más difícil de proteger: la propia infraestructura por la que circulan esos convoyes.
Según diversas informaciones, los drones ucranianos están sembrando minas y atacando puntos estratégicos de las principales vías de comunicación que conectan Crimea con las zonas ocupadas de Donetsk y Zaporiyia. El resultado es que numerosas rutas consideradas seguras han dejado de serlo.
La consecuencia inmediata es visible sobre el terreno: largas colas de camiones militares y de abastecimiento obligados a detenerse, reducir la velocidad o buscar rutas alternativas mucho más lentas. ([Facebook][2])
Un golpe directo al corazón de la logística rusa
La importancia de Crimea para Rusia va mucho más allá de su valor simbólico o político.
La península se ha convertido en uno de los principales centros logísticos para sostener las operaciones militares rusas en el sur de Ucrania. Desde allí se distribuyen combustible, municiones, vehículos y suministros destinados a las tropas desplegadas en varios frentes. ([El País][3])
La idea de destruir drones con un rayo láser parecía, hasta hace poco, algo reservado a películas de ciencia ficción o videojuegos futuristas. Sin embargo, el Reino Unido acaba de demostrar que esa tecnología ya no pertenece al futuro: existe, funciona y además puede hacerlo a un coste absurdamente bajo.
El sistema se llama DragonFire, y según las pruebas realizadas por el Miniserio de Defensa británico, es capaz de derribar drones que vuelan a velocidades cercanas a los 650 km/h utilizando un arma láser de alta precisión. Lo más sorprendente no es solo su capacidad técnica, sino el coste operativo de cada disparo: alrededor de 10 libras esterlinas, una cifra que muchos medios han resumido con una frase muy gráfica: “lo que cuestan dos cervezas”.
El gran problema actual: destruir drones es carísimo
La guerra moderna está cambiando a una velocidad brutal. Durante décadas, los sistemas antiaéreos fueron diseñados para derribar aviones, helicópteros o misiles sofisticados. Pero los conflictos recientes, especialmente en Ucrania y Oriente Medio, han demostrado que un simple dron barato puede causar daños enormes.
Y ahí aparece el verdadero problema.
Muchos drones cuestan unos pocos cientos o miles de euros, mientras que el misil utilizado para destruirlos puede costar cientos de miles. En algunos casos, incluso más de un millón de euros por lanzamiento. El desequilibrio económico es evidente.
DragonFire intenta romper precisamente esa ecuación.
En lugar de lanzar un misil físico, el sistema concentra energía en forma de láser sobre un punto extremadamente pequeño del objetivo hasta destruirlo por calor. Sin explosivos, sin munición convencional y prácticamente sin coste logístico por disparo. (TechRadar)
La guerra entre Rusia y Ucrania podría estar entrando en una nueva fase. Al menos así lo dejó entrever el presidente ruso Vladimir Putin, quien afirmó recientemente que el conflicto “se acerca a su final”, en unas declaraciones que han generado reacciones inmediatas tanto en Europa como en Estados Unidos.
Aunque las palabras del mandatario ruso han sido interpretadas por algunos analistas como un posible gesto hacia futuras negociaciones, otros consideran que se trata principalmente de una maniobra política y estratégica en plena presión militar y económica sobre Moscú.
Un conflicto que ha cambiado el equilibrio geopolítico mundial
Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el conflicto ha transformado profundamente el escenario internacional:
- incremento del gasto militar en Europa,
- ampliación de la OTAN,
- crisis energética global,
- sanciones masivas contra Rusia,
- y una aceleración del rearme tecnológico y militar.
La guerra también ha provocado una enorme transformación digital y tecnológica en el ámbito militar, donde drones, guerra electrónica, satélites y sistemas automatizados han pasado a ocupar un papel central.
Hay tecnologías diseñadas para no dejar rastro.
Sistemas que funcionan a velocidades imposibles, que toman decisiones en fracciones de segundo y que, cuando todo va bien, desaparecen sin que nadie llegue a verlos.

Pero a veces algo falla.
Y cuando falla, lo que aparece no es solo un resto tecnológico. Es una ventana a cómo funcionan realmente algunas de las herramientas más avanzadas del mundo.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido en Siria.
Según recogía Xataka, alguien encontró en el desierto lo que parecía un objeto extraño. No era chatarra cualquiera. Era una parte clave de uno de los sistemas antimisiles más avanzados desarrollados por Estados Unidos, vinculado al sistema THAAD.
Una pieza que, en teoría, nunca debería haber aparecido ahí.
Cuando lo invisible se vuelve visible
Los sistemas de defensa modernos están diseñados para interceptar amenazas sin dejar huella. Misiles que vuelan a velocidades superiores a Mach 5, sensores capaces de detectar calor a cientos de kilómetros y sistemas de guiado que no necesitan emitir señales, lo que los hace extremadamente difíciles de interferir.
Todo ocurre tan rápido que, normalmente, no queda nada que analizar.
Pero en este caso sí.
Una nueva era en la guerra contra drones kamikaze

La evolución de los conflictos modernos ha puesto en primer plano una amenaza cada vez más difícil de contener: los drones kamikaze. Baratos, fáciles de desplegar y capaces de saturar sistemas defensivos tradicionales, estos dispositivos han obligado a replantear las estrategias de defensa aérea.
En este contexto, Airbus ha dado un paso decisivo con el desarrollo de su nuevo dron interceptor Bird of Prey, una solución diseñada específicamente para detectar, perseguir y destruir este tipo de amenazas de forma completamente autónoma.
Un sistema capaz de actuar sin intervención humana
El Bird of Prey no es un dron convencional. Se trata de una plataforma avanzada capaz de ejecutar toda la cadena de combate por sí sola: desde la detección hasta la neutralización del objetivo.
Durante su primer vuelo de prueba en Alemania, el sistema fue capaz de:
- Localizar un dron enemigo en pleno vuelo
- Identificarlo y clasificarlo como amenaza
- Seguir su trayectoria
- Derribarlo sin intervención humana directa (Libertad Digital)
Este nivel de autonomía marca un antes y un después en el campo de la defensa aérea, donde hasta ahora la supervisión humana era imprescindible en cada fase crítica.
Durante más de un siglo, el tanque de batalla principal (MBT) ha sido el vehículo militar predominante en los campos de batalla terrestres. Desde la Primera Guerra Mundial, se han desarrollado alrededor de 160 modelos diferentes de MBT, de los cuales más de 140 han entrado en servicio activo y al menos 11 modelos de nueva generación están en desarrollo. Sin embargo, muchos de estos tanques han sido destruidos en combate, especialmente durante las dos guerras mundiales, o se han vuelto obsoletos debido a los avances tecnológicos que han superado su blindaje, potencia de fuego y capacidad de supervivencia. Actualmente, el tanque moderno enfrenta su mayor desafío en el contexto de la guerra en Ucrania, donde se han enfrentado más tipos de tanques que en cualquier otro conflicto desde la Segunda Guerra Mundial.
El texto analiza el desempeño de los distintos MBT utilizados en Ucrania, así como los factores que influyen en su efectividad. Para evaluar la eficacia de un tanque, no basta con observar estadísticas simples como el número de tanques destruidos o el grosor de su blindaje. Es crucial integrar datos de combate con el contexto táctico, la logística de producción y la evolución tecnológica. Las estadísticas más relevantes incluyen las proporciones de bajas infligidas, las tasas de desgaste y el éxito en las misiones, lo que permite obtener una imagen más completa del valor de los tanques en el campo de batalla.
La guerra moderna está cambiando a gran velocidad, y uno de los protagonistas de esa transformación tecnológica son los drones. Desde pequeños cuadricópteros de reconocimiento hasta drones de ataque baratos, estos sistemas no tripulados se han convertido en herramientas esenciales en conflictos recientes, especialmente en la guerra de Ucrania. (CIEA)
Sin embargo, Europa se ha encontrado con un problema inesperado: los drones no funcionan como el armamento tradicional que puede almacenarse durante años. En muchos casos, su vida útil operativa es extremadamente corta, y algunos modelos pueden quedar obsoletos o inutilizables en cuestión de semanas. (Financial Times)
⚙️ El nuevo paradigma militar: tecnología que caduca rápido
Durante décadas, el modelo logístico militar fue relativamente simple: producir armamento, almacenarlo y mantener grandes reservas para posibles conflictos. Tanques, misiles o munición pueden almacenarse durante años o incluso décadas con mantenimiento adecuado.
Los drones cambian completamente esa lógica.
Muchos de los drones usados hoy en conflictos modernos:
- utilizan software que evoluciona rápidamente
- dependen de componentes electrónicos comerciales
- necesitan actualizaciones constantes
- pueden quedar inutilizados si el enemigo desarrolla nuevas contramedidas
Por este motivo, mantener grandes arsenales almacenados durante largos periodos se vuelve ineficaz. Cuando se intenta utilizarlos, pueden estar tecnológicamente superados o necesitar rediseño completo. (Financial Times)
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