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La historia de la informática tiene una curiosa costumbre: repetir los mismos debates una y otra vez, cambiando únicamente el protagonista.

Hace veinticinco años, el entonces CEO de Microsoft, Steve Ballmer, pronunció una de las frases más famosas —y también más desafortunadas— de la historia del software:

"Linux es un cáncer."

Aquellas palabras pretendían desacreditar el creciente movimiento del software libre, que comenzaba a competir seriamente con el modelo propietario dominante de la época.

Hoy, más de dos décadas después, el debate parece haberse trasladado al mundo de la inteligencia artificial. El CEO de Anthropic, Dario Amodei, ha advertido sobre los riesgos que supone el avance de los modelos de IA de código abierto, unas declaraciones que muchos han comparado inmediatamente con aquellas realizadas por Ballmer en 2001.

Pero... ¿realmente estamos ante la misma historia?

Cuando Linux era "una amenaza"

A principios de los años 2000 Microsoft dominaba el mercado.

Windows estaba presente en la inmensa mayoría de los ordenadores personales y el software libre todavía era visto por muchas empresas como un movimiento minoritario.

Fue entonces cuando Steve Ballmer calificó a Linux de "cáncer", argumentando que la licencia GPL contaminaba todo aquello que tocaba.

Con el paso del tiempo ocurrió exactamente lo contrario.

Linux terminó convirtiéndose en el sistema operativo dominante en:

  • Internet.
  • Los centros de datos.
  • La computación en la nube.
  • Los superordenadores.
  • Android.
  • La mayoría de dispositivos embebidos.
  • Gran parte de la infraestructura de inteligencia artificial.

Incluso Microsoft terminó abrazando Linux.

Hoy mantiene el kernel dentro de Windows mediante WSL, ejecuta millones de instancias Linux en Azure, publica proyectos como código abierto y contribuye regularmente al propio kernel.

La historia terminó desmontando aquel discurso.

El nuevo protagonista: la inteligencia artificial

El debate actual gira alrededor de los modelos abiertos de inteligencia artificial.

Durante los primeros años de la IA generativa, empresas como OpenAI, Anthropic o Google mantuvieron una enorme ventaja tecnológica gracias a modelos cerrados cuyo funcionamiento interno no era público.

Sin embargo, el panorama ha cambiado enormemente.

Hoy existen modelos abiertos capaces de competir en muchas tareas con soluciones propietarias:

  • Llama.
  • Mistral.
  • Qwen.
  • DeepSeek.
  • GLM.
  • OLMo.

La mejora ha sido tan rápida que muchas empresas empiezan a preguntarse si seguirán teniendo sentido los modelos completamente cerrados.

¿Qué preocupa realmente?

Las declaraciones de Dario Amodei parten de una preocupación legítima: un modelo abierto puede ser modificado por cualquiera.

Eso significa que también podría utilizarse para fines maliciosos.

Entre los riesgos más citados aparecen:

  • automatización de ataques informáticos;
  • generación masiva de desinformación;
  • creación de malware;
  • desarrollo de agentes autónomos difíciles de controlar.

Son preocupaciones razonables y forman parte del debate actual sobre la seguridad de la IA.

El otro lado del debate

Sin embargo, muchos investigadores consideran que cerrar completamente el desarrollo tampoco resuelve el problema.

Yann LeCun, uno de los pioneros de la inteligencia artificial y responsable científico de IA en Meta, ha criticado abiertamente esa visión, defendiendo que bloquear el acceso al código abierto favorece la concentración del poder tecnológico en unas pocas compañías y limita la innovación. (Diario AS)

Según esta perspectiva, el software abierto ofrece varias ventajas:

  • permite auditorías independientes;
  • facilita detectar errores y vulnerabilidades;
  • democratiza la investigación;
  • reduce la dependencia de grandes proveedores;
  • acelera la innovación mediante la colaboración.

Es exactamente el mismo argumento que durante décadas ha acompañado al software libre.

Linux demuestra que el código abierto funciona

Resulta difícil sostener hoy que el modelo abierto sea un fracaso.

Linux mueve prácticamente toda Internet.

También utilizan Linux:

  • Amazon Web Services.
  • Google Cloud.
  • Microsoft Azure.
  • Meta.
  • NVIDIA.
  • OpenAI.
  • Anthropic.
  • la mayoría de superordenadores del mundo.

Paradójicamente, muchas de las empresas que hoy desarrollan modelos propietarios entrenan sus sistemas sobre infraestructuras basadas en Linux.

Es decir, el éxito del software libre constituye uno de los pilares sobre los que se ha construido la revolución actual de la inteligencia artificial.

¿Es realmente más peligrosa una IA abierta?

La respuesta no es sencilla.

Un modelo abierto permite que cualquier investigador estudie su funcionamiento.

También permite que cualquiera busque vulnerabilidades.

Y, efectivamente, también facilita que actores maliciosos intenten eliminar restricciones.

Pero exactamente lo mismo ocurre con Linux.

Cualquiera puede descargar el kernel.

Cualquiera puede estudiar su código.

Cualquiera puede modificarlo.

Eso no ha convertido a Linux en una amenaza para la sociedad.

Al contrario.

La revisión pública del código ha permitido descubrir errores, corregir vulnerabilidades y construir uno de los ecosistemas tecnológicos más sólidos de la historia.

El verdadero debate: poder frente a apertura

Quizá la cuestión no sea si la IA abierta es peligrosa.

La pregunta más interesante podría ser otra:

¿Quién controla la inteligencia artificial?

Cuando un modelo pertenece exclusivamente a una empresa:

  • sólo ella decide cómo evoluciona;
  • sólo ella conoce completamente su funcionamiento;
  • sólo ella fija sus limitaciones;
  • sólo ella establece su precio.

El modelo abierto distribuye parte de ese poder entre investigadores, universidades, empresas y desarrolladores independientes.

Eso no elimina los riesgos.

Pero sí evita que el conocimiento quede concentrado en muy pocas manos.

Aprender de la historia

La historia de Linux ofrece una enseñanza interesante.

En numerosas ocasiones se afirmó que el software libre nunca podría competir con el software propietario.

Después se dijo que jamás sería utilizado por grandes empresas.

Más tarde que no serviría para aplicaciones críticas.

Hoy esas afirmaciones resultan difíciles de sostener.

La inteligencia artificial podría recorrer un camino similar.

Probablemente coexistirán modelos abiertos y cerrados durante muchos años, cada uno con sus ventajas e inconvenientes.

Pero si algo demuestra la evolución de Linux es que la colaboración abierta puede convertirse en uno de los motores tecnológicos más poderosos que existen.

Quizá dentro de otros veinticinco años recordemos las advertencias sobre la IA abierta del mismo modo en que hoy recordamos aquella célebre frase de Steve Ballmer.

No como el principio del fin del código abierto, sino como otro capítulo más en la larga historia de una tecnología que terminó imponiéndose gracias precisamente a su apertura.


Fuentes

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