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El Triunfo de la Muerte, Pieter Brueghel el Viejo

Todos hemos leído en los libros de texto acerca de la pandemia de peste más devastadora de la historia, la así llamada Peste negra, que acabó con un tercio de la población europea a mediados del siglo XIV. Gracias a esas lecciones, acompañadas habitualmente de ilustraciones terribles como la que acompaña este post (El triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo), aprendimos que las culpables de aquella matanza fueron las pulgas de las ratas, cuyas picaduras transmitieron la bacteria Yersinia pestis por todo el continente. ¿Verdad? Pues no, un nuevo estudio británico pone en duda esto último señalando a otro culpable: nosotros mismos.

Según un trabajo realizado por forenses y arqueólogos británicos, que examinaron a 25 esqueletos del S. XIV desenterrados en el área londinense de Clerkenwell hace ahora un año, convendría poner en duda los "hechos" que hemos memorizado en la escuela. Los cadáveres desenterrados en Charterhouse Square (norte de Londres) durante unas excavaciones efectuadas como parte de la construcción de una nueva línea de ferrocarril, sugieren un medio de transmisión diferente: el aire.

En opinión de los expertos, que tuvieron acceso al ADN de la bacteria causante (Yersinia pestis) conservada en el interior de las muelas mayores, para expandirse tan rápidamente y matar a tantas personas, aquella pandemia debió de tener naturaleza de infección aérea atacando los pulmones de sus víctimas. De ser esto cierto, no deberíamos hablar de peste bubónica sino de peste neumónica.

Continúa aquí.

 

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