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El artículo en cuestión trataba sobre el trabajo científico que cierto investigador realizaba con monos capuchinos. Estos primates del nuevo mundo, del tamaño de un bebé, no destacan por su inteligencia; sus dos grandes pasiones en la vida son: comer y el sexo.
La originalidad del trabajo, realizado por este estadounidense hijo de emigrantes chinos y llamado Keith Chen, venía del hecho de que no era biólogo, sino economista. Nuestro protagonista, graduado en Stanford, consiguió la colaboración de una psicóloga de Yale llamada Laurie Santos, y fue en esta última universidad donde ambos se encargaron de enseñar a los capuchinos, con grandes dosis de paciencia, el concepto del dinero.
Como él mismo sostenía: "la idea esencial era darle un dólar a un mono y ver qué hacía". Chen
entregaba pequeñas piezas redondas a los monos; después, les mostraban
bandejas con hasta 12 elementos (uvas, galletas o malvaviscos) que
podían canjear por sus monedas. Pronto los gustos de cada mono quedaron
claros.
Más tarde, Chen introdujo el concepto de reducción de precio. Cuando
por ejemplo, hacían caer el precio de la gelatina (les daban dos por una
sola moneda) los monos compraban menos uvas y destinaban racionalmente
más dinero a la gelatina.Poco después Chen les enseñó un par de juegos 'tragaperras'.
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