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Salir a la montaña, respirar aire puro y recorrer senderos espectaculares forma parte de la cultura al aire libre en España. El senderismo se ha convertido en un plan de fin de semana para miles de personas que buscan ejercicio, naturaleza y desconexión. Pero lo que para muchos es ocio saludable puede tener un impacto silencioso y preocupante en la fauna salvaje, especialmente en las águilas españolas.
Al final del artículo hemos adjuntado una guía práctica para hacer senderismo sin dañar la fauna.
La montaña que disfrutamos… también tiene habitantes sensibles
Un reciente estudio que siguió a águilas mediante dispositivos GPS —pequeños localizadores que permiten rastrear sus movimientos— ha revelado que la presencia humana en rutas naturales puede alterar el comportamiento de estos grandes depredadores. Aunque la investigación aún está en curso, los datos iniciales sugieren que el aumento de senderistas y excursionistas modifica los hábitos de vuelo, caza y descanso de las aves.
Este fenómeno no es tan evidente como un impacto físico directo —como colisiones o pérdida de hábitat—, sino que se manifiesta en cambios de conducta que pueden tener consecuencias a largo plazo en la supervivencia y reproducción de las águilas. Las perturbaciones causadas por ruido humano o la simple presencia de personas dando paseos pueden hacer que estas aves eviten zonas que antes eran parte de su territorio natural.
Senderismo: ¿un peligro real para la fauna o solo una llamada de atención?
España es un país con una enorme afición por las actividades al aire libre. Con miles de kilómetros de senderos y rutas señalizadas, desde los Picos de Europa hasta Sierra Nevada, es habitual encontrar caminos repletos de montañeros incluso fuera de temporada alta.
Sin embargo, hay especies que requieren largos periodos de tranquilidad y territorios amplios para cazar y reproducirse. Las águilas, por su tamaño y estilo de vida, son especialmente sensibles a las alteraciones del entorno: sonidos inesperados, cercanía humana o desviaciones en su ruta habitual pueden suponer estrés añadido. Aunque el senderismo en sí no es “malo”, estos estudios sirven como alerta para reflexionar sobre cómo interaccionamos con la naturaleza. Las aves rapaces como las águilas dependen de territorios amplios y tranquilos para prosperar; cualquier factor que perturbe su rutina puede repercutir en su capacidad para cazar, reproducirse o incluso sobrevivir.
Una convivencia posible: senderistas y fauna salvaje
La lección que deja este tipo de investigaciones es clara: disfrutar de la naturaleza y protegerla no son objetivos incompatibles, pero sí requieren más conciencia y planificación. Algunas ideas que pueden ayudar a reducir el impacto de los senderistas incluyen:
- Elegir rutas menos sensibles ecológicamente, especialmente en zonas de reproducción de aves rapaces.
- Respetar las señales y recomendaciones de los parques naturales, que a menudo delimitan áreas donde se aconseja no entrar en determinadas épocas.
- Mantener el ruido al mínimo y evitar acercarse a zonas de anidación u observación de fauna.
- Informarse sobre la fauna local antes de planificar una salida, especialmente si se trata de especies protegidas.
Estas acciones no solo enriquecen la experiencia del senderista, sino que permiten una convivencia más respetuosa con la fauna salvaje, garantizando que generaciones futuras también puedan maravillarse con aves como las águilas en su hábitat natural.
Guía práctica para hacer senderismo sin dañar la fauna
El senderismo es una de las mejores formas de disfrutar de la naturaleza, pero también implica una responsabilidad directa sobre los ecosistemas que atravesamos. En España, especies protegidas como las águilas pueden verse afectadas por la creciente presencia humana en zonas naturales sensibles. Esta guía reúne buenas prácticas sencillas y realistas para reducir ese impacto sin renunciar al disfrute de la montaña.
1) Planifica tu ruta con conciencia ambiental
Antes de calzarte las botas, dedica unos minutos a informarte. No todas las rutas tienen el mismo impacto ecológico.
- Elegir rutas menos sensibles ecológicamente, especialmente en zonas de reproducción de aves rapaces.
- Evitar senderos cercanos a cortados, roquedos o zonas de anidación, incluso aunque no estén cerrados oficialmente.
- Consultar información de parques naturales y entidades locales, donde suelen indicarse restricciones temporales.
2) El silencio también protege
El ruido humano es uno de los factores que más estrés provoca en la fauna salvaje, incluso aunque no la veamos.
- Mantener el ruido al mínimo, evitando gritos, música con altavoces o llamadas innecesarias.
- Caminar en grupos pequeños, ya que los grandes grupos generan más perturbación.
- Detenerse y observar desde lejos, sin intentar acercarse a animales para fotografiarlos.
3) Respeta las normas (aunque no entiendas el motivo)
Las restricciones no están puestas “porque sí”. Muchas protegen ciclos vitales invisibles para el visitante.
- Respetar las señales y recomendaciones de los parques naturales, incluso fuera de temporada alta.
- No salirse de los senderos marcados, ya que abrir nuevas trazas fragmenta el hábitat.
- Aceptar cierres temporales durante épocas de cría o nidificación.
4) Infórmate: conocer la fauna cambia la actitud
Cuanto más sabes sobre un entorno, más fácil es respetarlo.
- Informarse sobre la fauna local antes de planificar una salida, especialmente si se trata de especies protegidas.
- Aprender a reconocer comportamientos de alarma en aves y otros animales (vuelos repetidos, chillidos, cambios bruscos de dirección).
- Compartir información responsable y evitar publicar ubicaciones exactas de nidos o animales sensibles.
5) Menos huella, más futuro
El senderismo sostenible no es solo una cuestión ecológica: también ayuda a garantizar que estos espacios sigan siendo accesibles.
- No dejar rastro: llévate toda la basura, incluso restos orgánicos.
- No recolectar plantas, piedras o elementos naturales.
- Dar ejemplo a otros senderistas, especialmente a quienes se inician.
Disfrutar de la naturaleza y protegerla no son objetivos opuestos. Con pequeños gestos —silencio, información y respeto— podemos evitar que actividades tan sanas como el senderismo tengan consecuencias graves para especies emblemáticas. La montaña no es un decorado: es un hogar.

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