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La idea de destruir drones con un rayo láser parecía, hasta hace poco, algo reservado a películas de ciencia ficción o videojuegos futuristas. Sin embargo, el Reino Unido acaba de demostrar que esa tecnología ya no pertenece al futuro: existe, funciona y además puede hacerlo a un coste absurdamente bajo.

El sistema se llama DragonFire, y según las pruebas realizadas por el Miniserio de Defensa británico, es capaz de derribar drones que vuelan a velocidades cercanas a los 650 km/h utilizando un arma láser de alta precisión. Lo más sorprendente no es solo su capacidad técnica, sino el coste operativo de cada disparo: alrededor de 10 libras esterlinas, una cifra que muchos medios han resumido con una frase muy gráfica: “lo que cuestan dos cervezas”.

El gran problema actual: destruir drones es carísimo

La guerra moderna está cambiando a una velocidad brutal. Durante décadas, los sistemas antiaéreos fueron diseñados para derribar aviones, helicópteros o misiles sofisticados. Pero los conflictos recientes, especialmente en Ucrania y Oriente Medio, han demostrado que un simple dron barato puede causar daños enormes.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Muchos drones cuestan unos pocos cientos o miles de euros, mientras que el misil utilizado para destruirlos puede costar cientos de miles. En algunos casos, incluso más de un millón de euros por lanzamiento. El desequilibrio económico es evidente.

DragonFire intenta romper precisamente esa ecuación.

En lugar de lanzar un misil físico, el sistema concentra energía en forma de láser sobre un punto extremadamente pequeño del objetivo hasta destruirlo por calor. Sin explosivos, sin munición convencional y prácticamente sin coste logístico por disparo. (TechRadar)

Una precisión casi absurda

Uno de los datos más llamativos del proyecto es el nivel de precisión que han alcanzado los ingenieros británicos.

Según las pruebas oficiales, DragonFire puede impactar objetivos equivalentes al tamaño de una moneda situada a un kilómetro de distancia. Para conseguirlo, el sistema combina sensores ópticos, seguimiento avanzado y un haz láser estabilizado de enorme potencia. (Wikipedia)

El reto técnico no consiste únicamente en “disparar un láser”. Eso es relativamente sencillo. Lo realmente complejo es mantener el haz perfectamente estable sobre un objetivo que se mueve a gran velocidad, posiblemente bajo condiciones atmosféricas adversas, vibraciones del barco o interferencias ambientales.

Ahí es donde entra toda la ingeniería detrás de DragonFire.

El Reino Unido quiere desplegarlo ya en barcos militares

Lo interesante es que el proyecto ya no se presenta como un simple experimento de laboratorio. El gobierno británico ha acelerado su despliegue operativo y pretende integrarlo en destructores Type 45 de la Royal Navy a partir de 2027. (Xataka)

Eso convertiría al Reino Unido en uno de los primeros países europeos de la OTAN en desplegar un sistema láser naval funcional de este tipo.

El desarrollo está liderado por varias empresas británicas del sector defensa, incluyendo MBDA, Leonardo y QinetiQ, junto al Ministerio de Defensa británico. (Wikipedia)

La “munición infinita” ya no parece ciencia ficción

Uno de los conceptos que más se repite cuando se habla de armas láser es el de “munición infinita”.

Obviamente no es completamente infinito: el sistema necesita enormes cantidades de energía eléctrica y sistemas de refrigeración avanzados. Pero comparado con el almacenamiento de misiles tradicionales, la diferencia logística es gigantesca.

Mientras un barco puede quedarse sin misiles tras varias oleadas de ataque, un sistema láser podría seguir funcionando mientras disponga de energía suficiente.

Y eso cambia completamente la estrategia defensiva.

Especialmente ahora que los ataques con enjambres de drones empiezan a convertirse en una amenaza real. Derribar cien drones con cien misiles resulta económicamente insostenible. Hacerlo con un láser cambia las reglas del juego. (Axios)

Pero no es una tecnología perfecta

Aun así, DragonFire no es una “arma milagrosa”.

Las armas láser tienen limitaciones importantes.

La primera es el clima. La lluvia, la niebla, el polvo o determinadas condiciones atmosféricas pueden reducir significativamente la efectividad del haz. Además, el láser necesita mantener línea de visión directa con el objetivo.

Eso significa que no reemplazará completamente a los sistemas antiaéreos tradicionales, al menos por ahora.

Lo más probable es que actúe como una capa adicional dentro de sistemas defensivos más complejos, combinándose con radares, guerra electrónica y misiles convencionales. (TechRadar)

El verdadero cambio no es el láser: es la economía de guerra

Quizá lo más revolucionario de DragonFire no sea el arma en sí, sino lo que representa.

Durante décadas, la tecnología militar se centró en crear sistemas cada vez más sofisticados y caros. Pero la proliferación de drones baratos ha cambiado completamente el escenario.

Ahora ya no gana necesariamente quien tiene el misil más avanzado, sino quien puede sostener económicamente la defensa durante más tiempo.

Y ahí los sistemas de energía dirigida pueden convertirse en una auténtica revolución.

Porque cuando destruir un dron cuesta menos que una comida rápida, toda la lógica económica del combate aéreo empieza a cambiar.

Y eso, probablemente, es lo que realmente preocupa —y entusiasma— a las potencias militares de todo el mundo. (Xataka)

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