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El retroceso del hielo en las montañas de Jotunheimen está dejando al descubierto armas de madera, hueso, pizarra y conchas utilizadas por antiguos cazadores, pero también amenaza con destruir rápidamente este extraordinario patrimonio arqueológico
Un equipo de arqueólogos ha recuperado 48 flechas prehistóricas en las montañas de Jotunheimen, en Noruega. Algunas permanecían atrapadas en el hielo desde hace aproximadamente 6.000 años y conservan materiales orgánicos que rara vez sobreviven durante tanto tiempo.
El hallazgo permite conocer cómo fabricaban sus armas los antiguos cazadores de renos, pero tiene un preocupante origen: el hielo de las montañas noruegas está retrocediendo a una velocidad mayor de la esperada.
Cuando estos objetos quedan expuestos al aire, la lluvia y los cambios de temperatura, comienza una carrera contrarreloj. La madera, los tendones, la corteza y otros materiales pueden deteriorarse en pocos días o semanas después de haber permanecido congelados durante milenios.
Tres semanas buscando en el límite del hielo
La campaña fue realizada por el Programa de Arqueología Glacial de Innlandet, conocido internacionalmente a través del proyecto Secrets of the Ice.
Durante tres semanas, los investigadores recorrieron el borde de varias placas de hielo en Kvitingskjølen, dentro de la región montañosa de Jotunheimen. Su objetivo era inspeccionar las zonas que habían quedado recientemente libres de hielo y recuperar cualquier objeto antes de que se degradase.
El trabajo no consiste simplemente en caminar por la nieve buscando piezas visibles. Los arqueólogos deben estudiar la evolución del hielo, revisar el terreno descubierto, registrar con precisión la posición de cada hallazgo y trasladar las piezas bajo condiciones que eviten su destrucción.
En esta ocasión localizaron 48 flechas o fragmentos de flechas pertenecientes a distintas épocas. La concentración de objetos demuestra que estas montañas fueron utilizadas como zonas de caza durante miles de años.
Flechas fabricadas con madera, hueso y pizarra
Uno de los hallazgos más antiguos es una flecha formada por una punta de pizarra y parte de su astil de madera. Su antigüedad estimada se encuentra entre los 5.000 y los 6.000 años.
Los arqueólogos también recuperaron una punta de hueso todavía unida a su astil, con alrededor de 5.000 años, y otra elaborada con la concha de un molusco de agua dulce. Esta última tendría unos 3.600 años y comenzó a agrietarse poco después de quedar expuesta.
Otro de los objetos conserva la parte posterior del astil reforzada con tendón animal y corteza de abedul. Esta combinación muestra que los antiguos fabricantes conocían diferentes procedimientos para fortalecer las flechas y asegurar sus componentes.
Entre las piezas más recientes apareció una flecha prácticamente completa, con punta de hueso y astil de madera, de unos 1.800 años de antigüedad.
Las diferencias entre unos ejemplares y otros permiten estudiar cómo fueron evolucionando las armas de caza. También demuestran que las poblaciones que habitaron la región sabían aprovechar los recursos disponibles: piedra, huesos, madera, fibras animales y materiales procedentes de ríos o lagos.
¿Por qué había tantas flechas en las montañas?
Los cazadores subían hasta las zonas altas siguiendo a los renos. Durante los meses cálidos, estos animales buscan lugares cubiertos de nieve o hielo para escapar del calor y de los insectos.
Las placas heladas se convertían así en excelentes puntos de caza. Los animales se agrupaban en espacios relativamente predecibles y los cazadores podían aproximarse aprovechando el relieve de la montaña.
Muchas flechas fallaban su objetivo, se rompían durante el impacto o quedaban abandonadas sobre la nieve. Posteriormente eran cubiertas por nuevas capas de hielo y permanecían protegidas de la humedad, los microorganismos y otros procesos de descomposición.
Gracias a esa congelación natural han llegado hasta nuestros días materiales que normalmente desaparecerían. En un yacimiento convencional es relativamente frecuente encontrar piedra o metal, pero resulta mucho más difícil conservar un astil de madera, una cuerda, una prenda de lana o una tira de cuero.
El hielo funciona como una cápsula del tiempo
La arqueología glacial estudia los objetos conservados en glaciares y placas de hielo. Estos entornos pueden proteger durante miles de años restos fabricados con materiales orgánicos.
No obstante, conviene distinguir entre un glaciar y una placa de hielo. Los glaciares se desplazan lentamente y pueden triturar, arrastrar o deformar los objetos atrapados en su interior. Las placas de hielo de menor tamaño suelen permanecer más estables, por lo que conservan mejor las piezas en el lugar donde fueron abandonadas.
Desde el comienzo del programa de Innlandet en 2006, los investigadores han documentado 73 lugares arqueológicos y recuperado más de 5.000 objetos.
Entre ellos no solamente hay flechas y arcos. También se han encontrado prendas de vestir, calzado, herramientas, utensilios cotidianos y restos relacionados con el transporte de mercancías mediante caballos.
Este conjunto ofrece una visión excepcional de la vida en las montañas noruegas desde la Edad de Piedra hasta periodos históricos mucho más recientes.
Cada vez aparecen objetos más antiguos
Durante las primeras campañas, buena parte de los hallazgos tenía menos de 2.000 años. Muchos estaban relacionados con la Edad del Hierro y la época vikinga.
Ahora comienzan a surgir piezas mucho más antiguas, pertenecientes a la Edad del Bronce y al final de la Edad de Piedra. Algunas superan los 6.000 años.
Esta evolución no significa necesariamente que los arqueólogos hayan mejorado únicamente sus métodos de búsqueda. También indica que se están derritiendo capas de hielo más antiguas y profundas.
El hielo que había permanecido estable durante milenios está desapareciendo y dejando expuesto todo lo que guardaba. Para la arqueología representa una oportunidad extraordinaria, pero también una señal alarmante sobre la transformación del clima de montaña.
Una placa de hielo podría desaparecer en veinte años
Los trabajos se concentraron en las zonas de Langfonne, Storfonne y Handklefonne, situadas en el área de Kvitingskjølen.
Cuando los arqueólogos comenzaron a estudiar Langfonne en 2006, todavía formaba una gran placa de hielo continua. En la actualidad se ha fragmentado en varias partes y los investigadores consideran que podría desaparecer por completo en aproximadamente veinte años si continúa el ritmo actual.
Áreas que permanecían congeladas durante las primeras campañas ahora son terreno descubierto. Esa rápida transformación obliga a revisar repetidamente los mismos lugares porque cada verano pueden aparecer nuevos objetos.
El problema es que resulta imposible vigilar todas las montañas al mismo tiempo. Noruega conserva numerosos enclaves potenciales y la temporada de trabajo es corta. Además, los equipos deben enfrentarse a un terreno difícil, condiciones meteorológicas cambiantes y grandes distancias.
Un patrimonio que se destruye al salir a la superficie
El deshielo no entrega las piezas arqueológicas cuidadosamente preparadas para su recuperación. Simplemente elimina la protección que las había mantenido congeladas.
Una flecha de madera puede absorber agua, secarse, deformarse o ser atacada por microorganismos. El viento puede desplazar fragmentos pequeños y los animales o excursionistas pueden alterar su posición.
Al perderse el contexto también desaparece parte de la información científica. No basta con conservar el objeto: resulta fundamental saber exactamente dónde apareció, cómo estaba orientado y qué otros materiales se encontraban a su alrededor.
Por eso los arqueólogos insisten en que cualquier persona que encuentre un objeto antiguo en el hielo no debe llevárselo ni manipularlo innecesariamente. Lo adecuado es fotografiarlo, registrar su posición y avisar a las autoridades responsables del patrimonio.
Un descubrimiento valioso provocado por una mala noticia
La aparición de estas flechas podría interpretarse como una sucesión de descubrimientos afortunados. Sin embargo, los propios investigadores subrayan que detrás de ellos se encuentra la pérdida acelerada del hielo.
La arqueología obtiene información que habría sido imposible recuperar hace unas décadas, pero lo hace a costa de la desaparición del entorno que conservó las piezas.
Además, la importancia del hielo de montaña no se limita al patrimonio histórico. También influye en los ecosistemas, el abastecimiento de agua y la regulación térmica de las regiones donde se encuentra.
Los objetos recuperados permiten reconstruir miles de años de actividad humana, desde los cazadores de la Edad de Piedra hasta las comunidades que atravesaban las montañas con animales de carga. Pero cada pieza expuesta recuerda que se está perdiendo un archivo natural que no podrá volver a formarse en una escala de tiempo humana.
Las 48 flechas de Jotunheimen son, por tanto, un descubrimiento arqueológico extraordinario y, al mismo tiempo, una advertencia. El hielo está revelando sus secretos precisamente porque está dejando de existir.
Fuente principal
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Documentación
- El deshielo de Noruega revela 48 flechas prehistóricas de hasta 6.000 años
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