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El incendio declarado estos días en las inmediaciones de Cañaveral (Cáceres) ha obligado a evacuar preventivamente a los vecinos de Casas de Millán y Grimaldo, movilizando un amplio dispositivo de emergencia compuesto por INFOEX, Guardia Civil, UME, Protección Civil, Cruz Roja y numerosos medios terrestres y aéreos.

Afortunadamente, gracias al enorme trabajo de todos ellos y a unas condiciones meteorológicas más favorables, el incendio pudo estabilizarse progresivamente, permitiendo el regreso de los vecinos a sus hogares.

Sin embargo, una vez que el humo desaparezca y las cámaras de televisión abandonen la zona, quedará una pregunta que deberíamos hacernos todos:

¿Estamos haciendo todo lo posible para evitar que estos incendios lleguen a producirse?

Porque apagar incendios es imprescindible.

Pero evitar que ocurran debería ser todavía más importante.

Todo comenzó con un accidente...

Según las primeras informaciones, el origen del incendio estuvo relacionado con un camión que comenzó a arder en las proximidades de la autovía.

Puede parecer sorprendente.

Un único vehículo.

Una sola chispa.

Y, pocas horas después, cientos de personas abandonando sus viviendas por precaución.

La pregunta no es únicamente cómo comenzó el incendio.

La verdadera pregunta es por qué pudo propagarse con tanta rapidez.

Un monte lleno de combustible

Los incendios forestales necesitan tres elementos para desarrollarse:

  • combustible;
  • oxígeno;
  • una fuente de ignición.

Del oxígeno poco podemos hacer.

Las fuentes de ignición siempre existirán.

Un rayo.

Una negligencia.

Una avería.

Un accidente.

El elemento sobre el que realmente podemos actuar es el combustible.

Y ahí es donde aparece uno de los grandes problemas de nuestros montes.

Durante décadas, gran parte del territorio rural se ha ido despoblando.

Han desaparecido explotaciones agrícolas.

Han disminuido los rebaños.

Muchos caminos apenas se utilizan.

Miles de hectáreas acumulan cada año más vegetación seca.

Todo ello constituye un enorme depósito de combustible esperando la llegada del verano.

Cuando el campo se cuidaba solo

No hace tantas décadas, el monte estaba mucho más vivo.

Cabras.

Ovejas.

Ganado.

Leña.

Carboneo.

Aprovechamientos forestales.

Agricultura.

No existía el concepto moderno de "gestión forestal", porque el propio uso cotidiano del territorio mantenía el monte relativamente limpio.

Los animales eliminaban matorral.

Los agricultores mantenían abiertos los caminos.

La leña tenía un valor económico.

Hoy muchas de esas actividades prácticamente han desaparecido.

Y la naturaleza hace lo que siempre ha hecho.

Crecer.

Acumular biomasa.

Convertir el monte en un inmenso almacén de energía listo para arder cuando se dan las condiciones adecuadas.

Hace falta, cuidar a los que cuidaban el monte, darles subvenciones para fijar población, facilidades fiscales y de todo tipo y el monte, cuidará del monte.

Los mejores bomberos... luchando contra un problema cada vez mayor

España dispone de algunos de los mejores equipos de extinción de incendios forestales del mundo.

Los profesionales de INFOEX, BRIF, UME, Agentes del Medio Natural, Guardia Civil, Protección Civil y tantos otros servicios realizan un trabajo extraordinario en condiciones extremadamente difíciles.

Cada verano arriesgan su vida para proteger personas, viviendas, explotaciones agrícolas y espacios naturales.

Precisamente por respeto a su trabajo conviene plantear una reflexión.

No podemos confiar toda nuestra estrategia forestal a la capacidad de nuestros bomberos.

Por muy preparados que estén, cuando un incendio encuentra miles de hectáreas cargadas de combustible y un fuerte viento a su favor, la situación puede complicarse en cuestión de minutos.

 

Prevención frente a reacción

Cada verano contemplamos el mismo despliegue.

Helicópteros.

Hidroaviones.

Bulldóceres.

Decenas de vehículos.

Centenares de profesionales.

Es una respuesta imprescindible.

Pero también muy costosa.

Resulta inevitable preguntarse si una parte de esos recursos podría invertirse durante el invierno en labores preventivas:

  • limpieza de montes;
  • apertura y mantenimiento de cortafuegos;
  • recuperación de pastos;
  • aprovechamientos forestales sostenibles;
  • apoyo a la ganadería extensiva;
  • recuperación de caminos rurales.

La prevención nunca ocupará portadas.

Pero probablemente sea la inversión más rentable.

El cambio climático existe... pero no explica todo

Las temperaturas son cada vez más elevadas.

Las olas de calor son más frecuentes.

Los periodos de sequía se prolongan.

Negar esa realidad sería ignorar la evidencia científica.

Pero tampoco sería correcto utilizar el cambio climático como única explicación.

Un monte limpio también puede arder.

Sin embargo, normalmente lo hace con menor intensidad y ofrece muchas más oportunidades para que los equipos de extinción puedan contener el fuego.

Reducir el combustible disponible sigue siendo una de las medidas más eficaces para disminuir la gravedad de los grandes incendios.

Recuperar el mundo rural también es proteger nuestros bosques

Quizá uno de los mayores errores haya sido considerar el medio rural únicamente como un espacio natural.

Durante siglos fue mucho más que eso.

Fue un espacio habitado.

Trabajado.

Cuidado.

Productivo.

Cada agricultor que abandona una finca.

Cada ganadero que vende su rebaño.

Cada explotación forestal que desaparece.

Representa también una menor capacidad para gestionar el territorio.

Hablar de fijar población en los pueblos no es únicamente una cuestión económica o demográfica.

También es una política de prevención de incendios.

Una reflexión que no deberíamos olvidar

Cuando vemos imágenes de enormes columnas de humo solemos preguntarnos dónde comenzó el incendio.

Quizá deberíamos hacernos otra pregunta.

¿Hace cuánto tiempo empezó realmente?

Tal vez no comenzó con un camión.

Tal vez empezó hace décadas.

Cuando dejamos de limpiar montes.

Cuando abandonamos explotaciones agrícolas.

Cuando desaparecieron los pastores.

Cuando dejamos de considerar el monte como un recurso y comenzamos a verlo únicamente como un paisaje.

Los incendios seguirán existiendo.

Siempre habrá accidentes, rayos o imprudencias.

Lo que sí podemos decidir es si queremos que esas primeras llamas encuentren un territorio preparado para detenerlas... o un inmenso océano de combustible dispuesto a alimentarlas.

Porque una sociedad inteligente no debería medirse únicamente por su capacidad para apagar grandes incendios.

También por su capacidad para evitar que lleguen a convertirse en una tragedia.

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